
La Vida de Simeón, Hijo de Jacob - Capítulo 2
La Venganza por Dina y la Ira de los Hermanos
HISTORIAS
Ps. Juan Carlos Moros
2/3/20262 min read


El punto culminante en la vida de Simeón llegó con el trágico incidente de su hermana Dina, narrado en Génesis 34. Dina, curiosa y joven, salió a visitar a las mujeres de la tierra, y allí fue vista por Siquem, hijo de Hamor, el jefe de los heveos.
Siquem, cautivado por su belleza, la tomó por la fuerza, violando su honor y el de toda la casa de Jacob. Aunque Siquem profesó amor por Dina y pidió su mano en matrimonio, el daño ya estaba hecho.
Hamor, su padre, se acercó a Jacob para negociar: “Mi hijo Siquem se ha encariñado con vuestra hija; os ruego que se la deis por mujer. Emparentad con nosotros; dadnos vuestras hijas y tomad las nuestras”.
Jacob, hombre de paz, guardó silencio ante la afrenta, esperando a sus hijos que regresaban del campo. Pero Simeón y Leví, al enterarse, ardieron en furia. Su hermana había sido deshonrada, y el honor de la familia exigía reparación.
Fingiendo aceptar la propuesta, los hermanos impusieron una condición astuta: todos los varones de la ciudad de Siquem debían circuncidarse, como signo de alianza con los hijos de Israel. Hamor y Siquem, ansiosos por el acuerdo, convencieron a su pueblo, y así se hizo.
Al tercer día, cuando los hombres de Siquem yacían débiles por el dolor de la circuncisión, Simeón y Leví tomaron sus espadas y atacaron la ciudad desprevenida. Mataron a Hamor, a Siquem y a todos los varones, sin piedad.
Saquearon las casas, se llevaron rebaños, bienes y hasta a las mujeres y niños como cautivos. La crónica bíblica describe este acto con crudeza: fiereza, engaño y crueldad extrema.
Aunque algunos relatos sugieren que otros hermanos participaron, Simeón y Leví fueron los instigadores, movidos por un sentido de justicia que rayaba en la venganza ciega.
Jacob, al enterarse, reprendió a sus hijos: “Me habéis puesto en grave aprieto, haciéndome odioso a los habitantes del país, a los cananeos y a los ferezeos. Somos pocos en número, y si se reúnen contra mí, me atacarán y me destruirán a mí y a mi casa”.
Simeón y Leví respondieron con desafío: “¿Acaso iba a tratar a nuestra hermana como a una prostituta?”.
En ese momento, la brecha entre padre e hijos se profundizó, sembrando semillas de consecuencias futuras.
por: Ps. Juan Carlos Moros




